jueves, 10 de noviembre de 2016

Performace y representación de género

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Por: Raúl Rosales León (Waro)

La performance es un conjunto de rituales (profanos y sagrados) y acciones cotidianas repetitivas que fortalecen la posición masculina y femenina en el sistema de género.  Según Beatriz Preciado[1] la noción de performance ha servido para desnaturalizar la diferencia sexual y abrir el debate sobre los esencialismos biológicos deterministas. 

Es necesario señalar que Beatriz Preciado hace un análisis de la categoría performance estableciendo tres etapas. La primera etapa está radicada en el campo del discurso psicoanalítico con Joan Riviére cuya conferencia titulada “Womanliness as mascarade” establece la primeras definición de género como una máscara, vale decir, como una representación. Según Beatriz Preciado: “Lo que le interesa a Rivieré es una triple disociación entre sexo anatómico, las prácticas sexuales y las prácticas culturales de la femeneidad” (2009:114). En la segunda etapa la categoría de performance adquiere una dimensión crítica y reflexiva a través del arte en la década de los 60 y 70 tas; según Beatriz Preciado: “un verdadero instrumento de contestación social y transformación del espacio público” (2009:116), y en base a esta lógica el performance produce e inventa un sujeto político del feminismo. Finalmente Beatriz Preciado aborda el tercer eje del desarrollo de la categoría del performance con la emergencia de la escena del drag queen que fue un referente para la conceptualización de performance por Judith Butler. 

Para entender la relación entre performance y representación es necesario partir del concepto de Stuart Hall sobre representación.  El autor señala que la representación es la producción de sentido a través del lenguaje[2].  Resulta importante el significante “producción”  para aterrizar la comprensión de la categoría representación con el aporte de Teresa de Lauretis por medio del concepto tecnología de género.  Según Teresa de Luretis[3] el género en una producción así como el proceso de representación; y en esta lógica la autora[4] afirma lo siguiente: “como seres sociales, las mujeres se construyen a partir de los efectos del lenguaje y la representación” (1992:29);  La autora analiza el cine como una tecnología social (género) como un aparato semiótico y material que significa, representa y constituye al sujeto.

El performance y la representación son complementarias para comprender la complejidad de las relaciones de género. Un ejemplo, el fútbol que es una tecnología de género que produce una representación y autorepresentación sobre la posición masculina porque en la práctica del fútbol se estructura un performance que ritualiza la actividad física dentro de reglas de juego. La actividad física está dentro de las coordenadas disciplinarias del cuerpo en el campo deportivo a través de aprendizaje de técnicas para poder jugar fútbol. Parafraseando a Simone de Beauvoir: “no se nace jugador de fútbol, se llega a serlo”.   




[1] Preciado, Beatriz, “Género y performance”, en Debate Feminista. Año 20, Vol. 40. Octubre 2009. Pp. 42 – 75.
[2] Hall, Stuart Representation: Cultural Representations and Signifying Practices. London: Sage Publications, 1997. Traducido por Elías Sevilla Casas. Recuperado el 8 de Junio de 2016 en  http://metamentaldoc.com/14_El_trabajo_de_la_representacion_Stuart_Hall.pdf
[3] Lauretis, Teresa, “La tecnología del género”, en: Technologies of Gender: Essays on Theory, Film, and Fiction, Boomington: Indiana University Press, 1987.
[4] De Lauretis, Teresa, Alicia ya no. Feminismo, semiótica, cine. Catedra, Madrid, 1992, p. 25-62.